domingo, 16 de marzo de 2008

terrorismo casero


Como nueva fórmula de incordiar, surge lo que toda la vía ha existido, el gamberrillo, con la salvedad de que ahora la impunidad es mucho mayor, y el descaro ya ni te cuento. A nivel ciudadano, por ejemplo, me parece genial que unos chavales, por muy poco dinero, se sienten a tomar algo en un banco del parque, pero el rastro que dejan detras (no sé si el 10% o el 90% de ellos) es intolerable. Por ejemplo también, en nuestra escalera hay un rellano de poco uso, en el que los chavales se quedan ahí, a cubierto de las inclemencias del tiempo, para charlar, chicos y chicas. No nos parecía mal, lo han hecho mucho tiempo. Pero en cuanto se dedican a vaciar los extintores, a escribir con el humo del mechero en las paredes y techos dedicatorias "verdes" o "marrones", la cosa clama al cielo.

En donde han sufrido antes ese y otros problemas (poniendo soluciones que en su momento a todos nos parecían injustas y desproporcionadas, hasta que poco a poco las hemos ido haciendo nosotros también) han adoptado lo que se viene a llamar "tolerancia cero". Lo cual no es un régimen fascista, pero se le parece. Puede que alguna vez pague algún justo por algunos pecadores, pero lo que no hay derecho es a seguir así indefinidamente, por no decir cada vez peor, si no ponemos cuanto antes remedios que a nadie gustan.

Y eso, sin contar con los innumerables ataques vía internet, los pufos, estafas, engaños, y sin salir del blog, los que me meten entradas tan sólo para redireccionarse a su página. No las pincheis; afortunadamente, por el momento están casi todas en inglés; los angloparlantes, me consuelo, están aún peor.

La gente debe ser consciente de que, cuando llevas toda la vida dando collejas, a veces te las devuelven todas de golpe, y duele.

¿Me estaré volviendo carca?

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