
Pues repasemos el
dolor de piños, que también afortunadamente cada vez escasea más, si nos hacen caso.
1º:
No sé si tengo algo por aquí... suele ser el primer síntoma de una carie gorda que empieza a llegar al nervio. Asegúrate, más vale prevenir, no te digo que acertemos siempre, pero casi.
2º:
¡Tengo algo por aquí...! suele ser un aviso más rotundo, uno o dos meses después del primer clarín. Normalmente, el nervio está ya en juego.
3º:
¡Hostia!... Aquí ya no hay ninguna duda. En sus primeras fases, el dolor es momentáneo, dura unos segundos. Suele demorarse unas semanas al aviso 2º. Cuando es por caries, y no simple sensibilidad, el nervio normalmente tiene ya el ataud en marcha. Y si el dolor ha durado horas, normalmente ni intento salvarlo, entro directamente con el estoque a descabello.
4º:
¡Seré burro...! Este es ya el paciente que nos llama, si no desde las 7 de la mañana, sí a las 9 y un minuto, y nos cuenta detalles y otros cuentos para que le atendamos cuanto antes. A veces se presenta directamente en la consulta, pero normalmente, el dolor suele despertar al burro este (si es por descuido y ya le han pitado avisos) entre dos y cuatro horas después de acostarse, no cede con nada (salvo levantarse, dormirse en el sofá con un algodoncito con ginebra o espirituoso al gusto en el agujero) y para el alba ya se le ha pasado.
Los dentistas entonces nos ponemos muy contentos, porque lo que se podía haber arreglado con un emplaste de nada, triplica el presupuesto, y si es con funda, a veces lo decuplica, depende.
5º: En superando este record de burrez, puede estabilizarse, induciendo una infección crónica que normalmente con el tiempo acaba doliendo, o provocar infección aguda, inflamando la cara y dejándote mal temple, y le tienes que llamar al jefe para decirle que coges la baja, a ver si con suerte se lo cree.