Basado en artículo homónimo de MyC apunta a lo que en las peluélicas futuristas ponían como límite. Control, mediante técnicas diversas (estimulación mediante electrodos, microbombeo de fármacos o neurohormonas...) de la estimulación motora, las emociones, la felicidad, fijación de recuerdos, borrado selectivo de memoria... Ya son terapias efectivas en la depresión, parkinson y epilepsia, en pocos años superarán la fase experimental y pasarán a clínica. La implantación de electrodos permite además lo que llaman el electromagnetoencefalograma, que registra unas pocas neuronas en un intervalo de milisegundos, en comparación con la PET o RNM, que precisan minutos y revelan áreas de casi centímetros.Por el momento es más fácil eliminar una reacción patológica o suplir una deficiencia, pero el asalto a los recursos de la antártida o de Europa (la luna de Jupiter) no es nada comparado con estos avances, que combinados con la biónica o los potenciadores creo que dan pié a pensar en una raza superior. Primero tendremos niño a la carta (esto como que ya) y luego, lo prepararemos para fabricar rabos de boina, implantarle unas agallas para construcciones submarinas, o ponerle 30 úteros para producción en serie. A demanda.
Por no decir los cultivos hidropónicos de proteínas, bacterias metanógenas, o hígados de repuesto... A veces me asusto yo solo, pero la cantidad y calidad de los recursos y posibilidades son inmensas, habrá que aprender a disfrutarlos y controlarlos, intentar ponerles puertas es inútil.
Parece un cuento, pero vete haciendo a la idea, que sólo es cuestión de tiempo. Lo que no sé si acabaremos también quemando los libros, o nos quemarán ellos. Santa Apolonia (palabrita de martirilogio) se arrojó ella misma al fuego purificador, y San Lorenzo, en la parrilla les dijo que le cambiasen de lado, que ya estaba hecho por el otro.
Yo casi que me prefiero crudo.