Así, todo de golpe, sin respirar. Más vale que no confiese la penitencia, pero si me reti
ran el permiso de navegante, mi Capitán Submarino, lamentaré no poder hacer la imaginaria de timón unas semanas. Permaneceré recluido en la sentina, pelando las patatas del rancho y compartiendo las mondas con las ratas. Prestaré servicios a la comunidad comiéndome alguna.