
Es algo que te puede llenar la boca, lo malo es que a otros lo que les llena es el otro lado. Hay que acercarse mucho a veces a olerlo, para ver bien de dónde ha salido.
También es un terreno muy resbaladizo, y los gobiernos han querido legislar, atornillar, articular, mil leyes y disposiciones, para evitar las desviaciones sociales, sin reconocer nunca que "hecha la ley, hecha la trampa". Por siempre jamás.
Los sistemas de represión social han jugado durante milenios el principal papel regulador de la conducta (además de empalar a alguno de vez en cuando). Que te pillasen era de lo peor que le podía ocurrir a alguien, y el honor era una cosa a guardar toda la vida, aunque sólo hiciese falta un ratico para perderlo. La mujer del César no sólo debe ser honrada, sino también parecerlo. Y la amenaza de ir al infierno, pues parece que funcionaba también.
Se ha levantado la veda del pillaje a todos los niveles, aunque tampoco mucho más que de siempre. El problema es el poder que las nuevas tecnologías, la disponibilidad de la información y la globalización proporcionan a algunos. Ya he dicho otras veces que ni el terrorismo ni el crimen organizado tienen solución con la actual arquitectura social. Muchos años estuve en mi Cole, como vocal de ética, y tenía que infringir la ley en casi todos los casos, para ser justo (aunque alguna vez, barriendo algo para casa, todo hay que decirlo).
Conductas que, lamentablemente, quedarán impunes para los autores (puedes añadir otras muchas):
Echar cochinadas al tabaco para aumentar la dependencia.
Vender cualquier cosa engañando (hipotecas sub-prime).
Enajenar activos en propio beneficio (Mario Conde, Ruiz Mateos, Roldan)
Vitaldent.
Una de las mejores soluciones es que, el consumidor castigue con su indiferencia a los autores o las empresas. Pero a este consumidor, lo único que le importa es que le cobren un duro menos por el producto. Que el dependiente tenga cuatro hijos paralíticos o que destrocen la bahía de Huelva se la renfanfinfla.
Recuerda tu Gran Poder, como consumidor final que eres, de ti depende mucho. Y es fácil, pruébalo.
(¿a que parezco un honrado y cumplidor ciudadano?)