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jueves, 1 de julio de 2010

Reciclajemientos

Hoy confieso una de mis oscuras, nocturnas, lúbricas y alevosas manías: Rebuscar las basuras, en busca de cosas que sirvan, o redistribuirlas, como cuando tiran cartones al de orgánicos. A los contenedores de obras, cuando reforman el típico piso viejo, ni me acerco por no llorar y porque no llevo la fregoneta.
Estos días que llueve suelo coger paraguas, que la gente tira en cuanto se le tuerce una varilla. Como tantas chinadas del todo a 100 (stoy anquilosado en pesetas, la resistencia es inútil) no aguantan un envite, mucho menos un órdago. Es posible que, una noche, Selene nos sorprenda a la Jojovich y a mi, plateando nuestras miradas, entretejiéndonos en una tela arácnida que nos envuelva con hilo ariádnico, en un inalcanzable suspiro que nos inflame en crisálidas y eclosionemos lejos de los despojos alzando el vuelo cenital hacia la Luz y fundiéndonos en ella. Uno a cada lado del contenedor, de la vida, de los sueños, de la realidad: ella tirando, yo recogiendo. Ciudadana y ciudadano, princesa y mendicante, emperatriz y esclavo, diosa y devoto.
En mi taller arreglatodo, la verdad es que recupero el 70% de los que recojo, que distribuyo para su digna vida senil entre mis círculos, ya están acostumbrados. Y presto servicios externos, si alguien desea colaboración científica. Se cobra también en especie.

Por cierto. ¿Os interesa uno? Os puedo pasar el catálogo.