
Ya tenemos aquí la navidad de El Corte Inglés, las burbujitas de Freixenet (que no los Mojinos Escocíos) la Jijonenca, la lotería...
Y lo bueno es que aún nos emociona. Es de las pocas veces que no pega nada eso de tetas y culos, ocupan un lugar muy secundario, un paréntesis en el que la consigna de portarse bien supera a la de "el que venga detrás, que arree y que me quiten lo bailao". Que venga de la mano de el excremento del Diablo (el vil metal, ahora virtual) pues vale, pero que venga; luego cada uno que separe el grano de la paja como pueda.
Porque el Niño Jesús ya casi no vende, habrá que ofrecerle un buen programa de imágen corporativa.
Lo que menos me explico de los curas, si son tan felices como aparentan, es que no sonría ninguno, parecen eternos tristes. Lo primero que les diría es eso, que rían y sonrían. Y a los dentistas, y a los psicólogos, y a los músicos...
Los americanos, que como de costumbre reinventan casi todo, dicen: sonríe, aunque no tengas motivo.