En estos tiempos de confusión y crisis (espiritual, económica, de valores...) las tías quieren ser tíos, y los tíos quieren a su vez adoptar patrones femeninos de comportamiento. En los hombres no es tan acusado, aunque posiblemente ducharse todos los días, usar colonias y desodorantes o ya sólo peinarse más de una vez al día, habría sido catalogado sólo hace un siglo como digno de ser embreado y emplumado por una gran parte de sus homónimos. Sin embargo, en las chicas es lamentable. Todos los mensajes publicitarios, los modelos sociales y educativos, les inducen a pasarse a nuestro bando.De lo cual no tendría mucho que decir, salvo que en ningún caso aceptan su inferioridad en campos milenaria (por no decir millonariamente) masculinos. Las señoras tienen que ser, por las buenas o por las malas, mejores que los señores. Cualquier atisbo de superioridad se convierte en motivo de beligerancia. Y eso, pensando en que los hombres, en el ámbito doméstico (en casi todos, a sus ojos) seguimos siendo inútiles incapaces. Poco a poco vamos feminizando también la vida, para adaptarla a ellas. Prácticamente no hay ya profesión que no hayamos remodelado para que sean capaces de ocuparla, aparte de que, los propios caballeros, hemos abandonado el esfuerzo físico para ganarnos el pan con el sudor de nuestra frente (lo llevamos fatal). Ellas ya paren sin dolor, y lo llevan genial. En montones de sitios de caballeros el follón está montado por no dejar entrar a las señoras. No sé para qué, pero quieren entrar. ¿Conoceis algún sitio femenino en el que los hombres hayamos montado un pollo para ocuparlo?.
Ya lo dice ese orador, estrella invitada de Talentia, Sir Ken Robinson: Si un hombre dice algo sólo, en el medio de un bosque, sin que absolutamente ninguna mujer le oiga, ¿también se equivoca?.
Y lo malo no es eso, sino que, para desgracia de todos, abandonan y repudian su feminidad. Y no saben lo guachi que es eso de bailar con lobos, para lo cual, las hembras, están especialmente predispuestas.
Y... casi mejor me callo ya...