Es la segunda vez en poco tiempo que oigo hablar de conspiraciones para reducir la población mundial. La primera en las Campanas y ahora en la de la ex-ministra finlandesa. Ambas aluden a los mismos datos, por otra parte.Por el momento suenan a alucinaciones, a película calenturienta, pero habrá que andarse con ojo. Tecnología y logística existen, sólo hace falta que quieran quienes pueden. Hasta ahora parecía que debíamos temer a grupúsculos marginales.
Saben que les tiene que salir bien a la primera, que no les saldrá, y además que parezca un accidente, que no será, y que nos quedemos calladitos, que tampoco.
Lo malo es eso, que de repente, nos hemos dado cuenta de que se puede, y limpito, oiga.