Si supiera que hoy fuera la última vez que te voy a ver dormir, te abrazaría fuertemente y rezaria al señor para poder ser el guardián de tu alma.Si supiera que esta fuera la última que te vea salir por la puerta, te daría un abrazo, un beso y te llamaría de nuevo para darte más.
Si supiera que esta fuera la última vez que voy a oír tu voz, grabaría cada una de tus palabras para poder oírlas una y otra vez indefínidamente.
Si supiera que estos son los últimos minutos que te veo diría te quiero y no asumiría, tontamente, que ya lo sabes.
Siempre hay un mañana y la vida nos da otra oportunidad para hacer las cosas bien, pero si me equivoco y hoy es todo lo que nos queda, me gustaríadecirte cuanto te quiero y que nunca te olvidaré.
(Gabriel García Márquez, fragmento de su carta de despedida de la vida pública)
Es el epitafio que leyeron ayer Menchu, Marta y Sofía. Tus mujeres, que decías.
Eduardo Urbiola. Amigo, colega, vecino, paciente, y un ejemplo de serenidad ante una rápida e inevitable muerte. Como decía hace poco, no se muere hasta que se olvidan de uno, y te auguro una muy larga vida. Gracias por todo.
Y el muerto, al hoyo, y el vivo al bollo (cuidao que soy bruto...).