Emulando a un compañero de correrías blogueras, que pronto aparecerá por aquí, me dispongo a evacuar una de mis elaboradas deposiciones filosóficas que no llevan a ninguna parte.
Más o menos, como cuando Napoleón encargó a Laplace (habían sido respectivamente alumno y profe) la redacción de una enciclopedia celestial (Mecánica Celeste para más señas) tras la consolidación de las ecuaciones de Kepler y Newton, y a su entrega, tuvo lugar el siguiente diálogo:
Mesié Bonaparte: Me dicen que, en todo ese tratado, no nombrais ni una sola vez al Creador.
Mesié Iluminé Laplace: Cierto. Es una bonita hipótesis que aunque explica todo, no permite predecir nada.
(Rebuscando por la web, los protagonistas y las frases difieren, pero ya sabes, no dejes que la verdad te estropee una buena entrada).
Laplace era un determinista acérrimo y un creyente de la religión del intelecto.
ResponderEliminarEstaba equivocado(como demuestran las experimencias cuanticas), pero a él le ayudo a vivir.
Supongo que eso es lo importante, tener un esquema mental del que poder agarrarse, aunque éste no sea absolutamente contrastado y fiable.
Un tema un poco complejo para abordar en un blogo-comentario, pero siempre se agradecen estas reflexiones intemporales.
Salu2
sin palabras
ResponderEliminaresperaremos el desarrollo de sus deposiciones filosoficas que tanto nos iluminan
Te odio, lo-se-pas.
ResponderEliminarSi te soy sincera, tengo super olvidado el determinismo.
Date cuenta que mis estudios datan de 21 años atrás.
Así que, para comprender tu entrada en toda su magnitud, tengo que volver a leer cosas de tiempo ha.
Joer, ¡claro que te odio!
Brrr. Me haceis sentir insulsa.
Ciertamente, Mr. T. Todos estamos equivocados, la cuestión es si duramos más o menos en la Verdad. Pero disfrutamos construyendo esquemas y adoctrinando creyentes (ya sabe que saben mejor las creyentas).
ResponderEliminarXta, no espere iluminación. La sabiduría es una luz que alumbra tan sólo a quien la porta. Le ofrezco la mía mientras tanto, pero no se olvide que también está equivocada.
Si odias ardientemente, so Rubia, es que amas. Y-de-insulsa-ná.